Portada Mi Raza Enero 15 2010
 
solidaridad

 

 

Solidaridad: ¡ayúdese ayudando!

Cuanto más damos, más recibimos y más felices somos. Cuanto más contribuimos más crecemos como personas. Lo demuestran los estudios médicos y lo recomiendan muchos psicólogos: ser altruistas y solidarios, tiene una gran recompensa.

‘Busqué mi alma y a mi alma no la pude ver. Busqué a mi Dios y mi Dios me eludió. Busqué a mi hermano y encontré a los tres, reza un antiguo proverbio de la sabiduría tradicional.

Solidaridad. Generosidad. Altruismo. Las investigaciones científicas y la práctica diaria de muchos expertos en la mente humana mantienen que estos tres valores universalmente reconocidos, no solo benefician a quien los recibe, sino a quien los aplica.

Un estudio canadiense ha descubierto que las personas se sienten mejor y más satisfechas cuando compran cosas para regalarlas a otros que cuando las adquieren para sí mismas, y que la mayoría de la gente desconoce este sencillo secreto para la felicidad.

Esto se relaciona con el denominado “gasto pro-social", es decir a favor de los demás, según la psicóloga Elizabeth Dunn, autora principal del estudio y profesora de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, Canadá.

Los investigadores solicitaron a 632 estadounidenses, con una cantidad similar de hombres y mujeres, que calificaran su nivel de felicidad, informaran sobre sus ingresos anuales y calcularan cuánto gastaban en un mes en diferentes artículos, incluidos los regalos a otras personas y los donativos de caridad.

También pidieron a 16 empleados que puntuaran su nivel de felicidad antes y después de recibir una participación en los beneficios de la empresa para la que trabajan, y en qué proporción gastaban dicho bono, si en sí mismos o en los demás.

Para finalizar se les entregó a 46 personas un sobre con dinero y se les pidió a algunos que lo gastaran en artículos personales y a otros en un regalo o donaciones para otras personas.

EL PODER DE LA GENEROSIDAD.

Los investigadores comprobaron que en todos los casos, quienes realizaban más gastos pro-sociales eran más felices.

"Quizá el altruismo no se desarrolló por la sensación agradable de hacer algo bueno por los demás, sino por el reconocimiento de que el otro es una persona que tiene intenciones y metas. Y es probable que uno desee tratarlo como desearía que lo trataran a uno", según el psicólogo Scott Huettel, del Centro médico de la Universidad de Duke, en Durham, Carolina del Norte, EE.UU.

El doctor Huettel y su equipo han comprobado que una zona del cerebro, denominada corteza temporal superior anterior, (CTSa) y relacionada con la percepción de las intenciones y acciones ajenas es más activa en la gente desinteresada que en las egoístas.

Esto sugiere que el altruismo podría deberse a una comprensión básica de que los demás tienen motivaciones y acciones que podrían ser similares a las propias, aunque “no es exactamente empatía", es decir la capacidad de sintonizar con los demás y ponerse en su lugar, sino algo más primitivo, según Huettel.

‘Ayudándonos a nosotros mismos, ayudamos a los demás’, señala Antonio de la Torre, psicólogo y terapeuta Gestalt.
Si observamos el estilo de vida, de los individuos implicados en Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) o de los participantes en diversas propuestas de voluntariado, en fundaciones, instituciones de caridad, hospitales ó asilos, observamos que la mayoría tienen una vida con contenido, con motivación y la sensación de que sus acciones tienen sentido.

‘Si atendemos a la regla universal que reza que ‘cuanto más se da, más se recibe’, nos encontraríamos ante, probablemente, la versión más rápida, sencilla, efectiva e incluso económica, de experimentar felicidad y satisfacción interior, que no es otra que sentirse bien haciendo bien a los demás’, señala el experto.

Basta un acto mínimo de bondad, para convertir un día apesadumbrado en un ejercicio que merece la pena vivir. La conocida regla de los Boys Scouts, ‘una buena acción al día’ puede generar tremendos efectos positivos en el camino hacia la reconstrucción de un Ser, más sano, consciente y responsable.

La mirada o sonrisa de agradecimiento de quien recibe los beneficios de una buena acción, son imágenes que quedarán grabadas de forma curativa en la mente de la persona solidaria.

Trabajar de voluntario en una ONG o una Fundación, visitar asilos de ancianos, para leerles libros y acompañarles, jugar con niños en un hospital infantil, o sacar a pasear perros en un refugio de animales, son algunas opciones para cultivar la llamada ‘solidaridad curativa’.