Para vivir de cara a su gente y evitar que le den la espalda debe participar en juego social. Le explicamos cómo jugarlo para obtener beneficios, es decir buenas amistades y relaciones. Una de sus mejores cartas: la conexión emocional.
Las razones de la ausencia o escasez de vínculos sociales y afectivos son muchas: desde la timidez, los miedos irracionales o la falta de habilidades para comunicarse, hasta los traumas y la baja autoestima. No obstante, los efectos de una red de relaciones adecuada son similares: malestar, ansiedad, frustración, soledad y limitaciones vitales.
Por ello, es vital construir y mejorar las relaciones afectivas, tanto en cantidad como en calidad de gente. ¿Se siente aislado, vacío, limitado?. ¿Es hora de conectar con los demás?
‘Entablar o profundizar amistades, iniciar conversaciones agradables con desconocidos, o entablar relaciones íntimas y profundas, son objetivos que enriquecen nuestras vidas y todos podemos alcanzar, aunque no todos hemos desarrollado las habilidades que nos acercan a ellos’, señala Manuel Mill·n, terapeuta gest·ltico, master en PNL Transpersonal y facilitador de Nueva Masculinidad.
‘Conectar con los demás y aprender a participar sanamente en el juego social es uno de los pilares de ‘el arte de vivir en plenitud’, como denomina este terapeuta al conjunto de técnicas psicológicas y corporales que aplica en sus talleres y cursos destinados al autoconocimiento y la transformación personal.
Para la mayorÌa de la gente relacionarse socialmente y conocer a otras personas es una meta deseable, pero no todo el mundo cree que esté a su alcance ni todos viven las relaciones sociales de la misma manera.
OBJETIVO:
ABRIRSE A LOS DEMÁS.
‘Para algunos conocer gente, charlar amigablemente, hacer amigos o iniciar una relación es un objetivo muy positivo o el principal, y está asociado a sensaciones agradables, les hace sentirse bien, les motiva y les estimula a salir’, explica Millán.
Pero también existen muchas personas que asocian el juego social a sentimientos negativos y para las que entablar relaciones íntimas o de amistad con los otros es sinónimo de ansiedad, fracaso y frustración.
Según el experto, suele tratarse de personas que tienen poca experiencia en las relaciones sociales, han fracasado en sus intentos de relacionarse con el sexo opuesto, tienen un problema de timidez, han vivido alguna separación o ruptura de pareja traumática, tienen una baja autoestima o se consideran poco atractivas o poseen algún defecto físico que no aceptan.
Si las dificultades para relacionarse se prolongan demasiado tiempo, esos individuos sienten que se están quedando fuera de juego, que no participan plenamente en una parte importante del juego social, se ven a si mismos apartados, separados. Comienzan a tener sensaciones de inadecuación, aislamiento o soledad.
‘Cuando alguien comienza a sentirse descolgado, empieza a cambiar el concepto que tiene de sí mismo: pierde seguridad, disminuye su autoestima, aumenta su miedo a afrontar las relaciones sociales y al dejar de creer en sí mismo y sus posibilidades de éxito, reduce sus intentos de conocer gente, llegando después a evitarla’, señala el especialista.
‘Esto demuestra hasta que punto es vital para el bienestar psicológico y social de la persona, mantener una relaciones sociales satisfactorias’, señala Manuel Millán.
Señala que en su consulta suele comprobar que muchos pacientes que achacan su tristeza, pasividad, inquietud, falta de motivación, desesperanza y temor al futuro, a que tienen una depresión, en realidad sufren los efectos de llevar una vida social insatisfactoria.
‘Buena parte de los sufrimientos humanos no se producirÌa si mantuviéramos una relaciones sociales gratificantes y enriquecedoras con los demás, pero cada día son más las personas que tienen problemas en esta área’, señala.
Para conectar con los demás, no basta con expresarse bien con las palabras y los gestos; también es decisivo el intercambio emocional. A veces ‘una emoción sincera, vincula más que mil palabras’, afirma Millán.
Muchas personas ‘economizan las muestras de afecto, conectando entre sí menos de lo que desearían y viviendo en una escasez de aprecio. Esta economía de caricias, que considera el afecto un bien escaso, se basa en la falsa idea que el amor se gasta al darlo, cuando sucede lo contrario: uno puede enriquecer su vida afectiva con sólo intentarlo, según el terapeuta.
‘La persona que conecta con los demás da y recibe muestras sinceras de afecto. Amar a otro es a veces imposible, pero siempre es posible ser honesto en el intercambio de afecto: conectar de modo auténtico’, señala. |