Cuando somos pequeños, nuestros padres, familiares, maestros, o simplemente personas conocidas, nos dijeron alguna vez de lo que deberíamos ser cuando grandes. Doctores, maestros, abogados, etc. son algunos de los oficios que se nos sugirieron. Pero, más allá de que se nos sugiera lo que algún día podemos llegar a ser, a veces se nos requiere y se nos obliga a tratar de ser lo que nuestros padres quieren que seamos. Lo que se logra hacer con este tipo de pensamientos es la frustración y el estrés para nosotros como niños para agradar esos sueños ajenos a los nuestros. Lo que pueden hacer los padres de familia que desean lo mejor para sus hijos, es dar sugerencias y tratar de proveer oportunidades. Entonces seremos nosotros los que decidiremos qué hacer cuando seamos grandes.
Recuerdo que cuando tenía como seis años, mi madre, mis hermanas y yo habíamos ido a visitar unos familiares a Guadalajara, México. No recuerdo cual fue la razón de la visita, pero recuerdo una de las más importantes conversaciones que he escuchado en mi vida. Mi madre platicaba, con gran tristeza, con una tía acerca de lo que le hubiera gustado ser si se le hubiera dado la oportunidad de estudiar. Yo me encontraba al lado de mi madre pues no quise ir a jugar con los demás niños. Recuerdo que ella platicaba de cómo le gustaba estudiar pero mi abuela nunca la dejo entrar a la secundaria. Es más, nos platico de cómo pidió permiso a la escuela primaria para que la dejaran cursar el sexto grado dos veces pues ella tenía ganas de aprender muchas cosas. Sus ojos estaban como con lagrimas pero no me atreví a preguntar el por qué. Fue entonces que comenzó a platicar de nosotros, sus hijos, y de lo mucho que ella deseaba que fuéramos de grandes. Ella le comentaba a mi tía que deseaba que no nos casáramos tan chicos, que llegáramos a graduarnos de la universidad, que viajáramos, que conociéramos gente de otros países, que aprendiéramos cosas nuevas y que llegáramos a vivir sin límites. Mirándome a mi dijo que ella haría todo lo posible para ofrecernos grandes oportunidades.
Desafortunadamente mi madre no pudo ver los grandes logros de sus hijos. En 1995, ella murió a causa del cáncer. Recuerdo con mucha claridad sus últimos años de vida. Su lucha por sobrevivir y de no dejarnos solos. Recuerdo estar cerca con ella mientras con todas sus fuerzas fingía no sentir algún dolor. Con su voz quebrada trataba de platicarme cosas que le hubieran encantado hacer cuando era niña. Estudiar y conocer muchos lugares hubiesen sido sus cosas favoritas. Era muy pequeño pero el estar con mi madre en esos momentos de su vida ha sido los momentos más difíciles en mi vida. Fue su fuerza y amor lo que me ensenaron a luchar por las cosas importantes en la vida. Recuerdo que al morir, hice tantas promesas en silencio, pero siempre con ella en mente.
Mis logros y triunfos siempre han sido en su nombre. Al graduarme de la universidad, logre una de las promesas hechas a mi madre. La educación me ha dado la oportunidad de aprender tantas cosas, conocer personas de tantos lugares y vivir tantas experiencias. Es ahora que comprendo el porqué mi madre le hubiera gustado estudiar. Con cada semestre terminado, veo tan cercano el sueño de mi madre para mí, el de algún día obtener mi doctorado. Ella nunca nos dijo lo que teníamos que hacer de grandes, pero si nos sugirió y nos dio opciones. Ha sido mi opción de estudiar y viajar para llevar el sueño de mi madre a ser una realidad.
Un día, mientras estaba de visita en Zacatecas, México, una señora en que nunca había conocido me dijo que tenía los mismos ojos de mi madre. Fue entonces que pensé, si viajar es algo que a mi madre le hubiese encantado, entonces tomare cualquier oportunidad de hacerlo. Sera por mis ojos, los mismos ojos de mi madre, que conocerá lo que siempre le hubiese encantado. De San Francisco hasta Chicago, de Washington D.C. hasta Orlando, he viajado por tantos estados en Estados Unidos conociendo tantas cosas y lugares. La mayoría de esas oportunidades han sido gracias a la escuela. Con cada viaje, trato de poner atención a cada pequeño detalle pues quien sabe si algún día regresare a ese lugar cualquiera que sea.
Ahora mismo me encuentro en Paris, Francia. Tal vez mi madre nunca imagino visitar esta ciudad, pero es su regalo de navidad de mí para ella. Que puedo decir de Paris, que es encantadora la ciudad. Sus calles, la comida, la arquitectura, bueno no hay nada que no me guste de esta ciudad. Cada calle por la paso imagino que mi madre está a mi lado admirando tantas maravillas. Observar el cuadro de La Mona Lisa en el maravilloso Museo del Louvre, el visitar la Torre Eiffel y el conocer tantas personas en este país, ha sido una experiencia inimaginable.
Uno de los grandes logros en este ano que casi termina, ha sido tener la oportunidad de escribir estos pequeños artículos que tal vez lleguen a ser algo importante para ustedes como lectores. Es por eso que me atreví a escribir sobre mi madre, a quien le dedico este artículo y todos los logros que vengan para el año venidero.
Desde Paris, Francia:
Para los lectores de esta revista, les deseó lo mejor para el 2010.
Para mi madre, a quien amo con toda el alma, donde quiera que te encuentres te mando el más caloroso de los besos.
José Vázquez se gradúo de UMKC con su licenciatura en el 2007 y actualmente esta en sus últimos dos semestres de su Maestría en Administración de Educación Superior. Trabaja para la Escuela Woodland en el área del Northeast en Kansas City, MO, como Coordinador de actividades para después de la escuela. También es voluntario en la misma comunidad al ser el Entrenador del Equipo de Fútbol Juvenil Real Madrid. |
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