Los índices de obesidad se han multiplicado de forma geométrica en el último cuarto de siglo hasta convertirse en una epidemia con un elevado coste social y económico. Aunque este incremento ha ido acompañado de una elevación del consumo de grasas saturadas, no todas las formas de obesidad son iguales.
La obesidad básicamente es un problema de acumulación excesiva de grasa en el cuerpo, un exceso que da lugar a un peso anormal para la estatura y estructura del individuo.
‘Al definir obesidad debemos tener en cuenta que es difÌcil medir la masa grasa de un individuo y que también es muy complicado establecer el criterio de ‘acumulación excesiva’ si no tenemos un patrón de ‘normalidad’ al cual referirnos’, según apunta M. Alemany, catedrático de Bioquímica de la Universidad de Barcelona (España) y experto en nutrición.
Es evidente que las personas obesas presentan gran cantidad de grasa en el cuerpo, pero es mucho más difícil discernir el grado o intensidad de obesidad en personas que, a lo sumo, presentan un cierto sobrepeso.
En este ámbito suele haber mucha confusión ya que una persona puede tener un peso elevado junto con una importante musculación, o bien tener un peso normal junto a unos elevados niveles de grasa superiores a los considerados como normales.
TABLAS DE PESO IDEAL.
Medir la cantidad de grasa es un proceso complicado, aunque en los últimos años la Ciencia ha aportado nuevas herramientas para incrementar la precisión del cálculo.
Algunos especialistas utilizan para valorar el grado de obesidad unas tablas correspondientes a una población ideal, distribuida por sexos y estaturas, que establecen un peso ideal de acuerdo con el índice de Masa Corporal (IMC).
El exceso de peso se obtendría estableciendo la diferencia, tanto en términos absolutos como relativos, entre el número ideal de kilos y el real.
Aparte del grado de obesidad es importante conocer la distribución de la grasa, pues esta circunstancia tiene mucho que ver con el pronóstico de la patología por existir importantes diferencias metabólicas y funcionales.
Por ejemplo, si medimos la relación entre el perímetro de la cintura y el de las caderas se obtiene un cociente que permite determinar a qué tipo de distribución de la grasa corporal pertenece el paciente.
Un índice igual o superior a uno, para un hombre, y a 0,85 para una mujer, indica que hay una fuerte acumulación de grasa.
Esa acumulación suele presentarse en la parte superior del cuerpo, en el caso de los varones, y en la inferior en el caso de las mujeres. De ahí que esa acumulación en los hombres se manifieste en forma de manzana, o androide, y en las mujeres en forma de pera, o ginoide.
Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la distribución androide supone que la mayor parte de la grasa está situada entre las vísceras, mientras que la ginoide está localizada en masas debajo de la piel (zonas subcutáneas).
La grasa visceral es mucho más difícil de eliminar, provoca más complicaciones que la subcutánea y está asociada a un mayor número de enfermedades que suelen aquejar a los obesos: diabetes, arteriosclerosis y problemas cardiovasculares.
UN 30 POR CIENTO
HEREDITARIA.
La obesidad tiene mucho de hereditaria por lo que se ha establecido que en torno a un 30 por ciento de los casos tiene origen genético, según han demostrado experimentos de laboratorio que han dado lugar a ratones genéticamente obesos.
Individuos predispuestos genéticamente, o por condicionamiento neural o psicológico, pueden desarrollar una obesidad de origen dietético. Este tipo de patología puede deberse a efectos específicos de algunos alimentos, sobre todo glácidos y grasas, que resultan muy atractivos para algunos paladares.
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