El mes de enero es el comienzo de una auténtica ‘página en blanco’ que culmina en diciembre, y en la cual podemos plasmar nuestros mejores anhelos en materia de salud y bienestar.
Se trata de ‘10 buenos propósitos para el 2010’, una verdadera ìhoja de ruta’ para mejorar nuestra calidad de vida:
1. Emociónese ‘en positivo’.
Las emociones no sólo afectan a nuestro estado de ánimo, también a cómo nos sentimos físicamente. Por ello, debemos prestar especial atención a todo aquello que nos hace ser más felices.
Hay que modular las emociones negativas y fomentar las positivas, así como desarrollar y mantener la capacidad para expresar sentimientos y emociones para mejorar nuestra salud.
Controlar las emociones refuerza la motivación y los niveles de energía y nos lleva a ser más activos en todos los planos, convirtiéndose en la base del bienestar.
2. Plantéese nuevos retos.
El bienestar emocional puede conseguirse de muchas maneras, dependiendo de los gustos de cada uno. El objetivo podría ser ‘seis nuevas cosas para hacer hoy’. No se trata tanto de lo que se haga sino de mantener la ilusión por emprender nuevos proyectos.
Las nuevas aficiones que elegimos pueden hacer que el tiempo libre se convierta en tiempo bien aprovechado: planear ese viaje que siempre se ha querido hacer, incorporarse al tren de las nuevas tendencias, regalarse un tratamiento de belleza o aumentar la red social a través de Internet son buenas opciones.
3. Cultive las relaciones sociales
Un estudio de la Escuela de Salud P˙blica de Harvard en Boston, Massachussets, ha demostrado que los estilos de vida socialmente activos pueden ayudar a disminuir el deterioro mental. Una partida de cartas o una sencilla merienda en buena compañía puede ser la mejor terapia de rejuvenecimiento. Es esencial manifestar con libertad nuestros sentimientos y emociones.
4. Alimente su corazón.
Para prevenir este problema se deben incluir en la dieta los productos lácteos desnatados.
La fruta y la verdura son siempre fundamentales al aportar una buena dosise de vitaminas y se aconseja tomar cinco piezas o porciones al día (una porción es aproximadamente la cantidad que cabe en una cuchara colmada o en un vaso de zumo). Además, es bueno volver a aficionarse a esas espinacas tan odiadas durante la niñez.
5. Reduzca las grasas.
Si la ingesta de grasas es inferior al 30 por ciento de las calorías que se toman, se puede reducir el nivel de colesterol sanguíneo en aproximadamente un 10 por ciento, lo que a su vez disminuirá el riesgo de enfermedad cardiaca en un 20 por ciento. Se puede conseguir sustituyendo los alimentos fritos por otros cocinados a la plancha o a la parrilla.
Si renunciar a las patatas fritas o a otros productos como la nata y las galletas resulta demasiado duro, una opción es elegir las variedades con baja cantidad de calorías. También es aconsejable sustituir parte de las grasas saturadas por las monoinsaturadas y polisaturadas. Para saber qué alimentos las llevan basta con mirar las etiquetas. Muchas veces el cambio es tan sencillo como usar aceite de oliva en lugar de mantequilla.
6. Libérese del sobrepeso.
Si empieza a engordar a pesar de mantener la misma dieta de siempre o incluso comiendo más sano, hay que buscar la causa en los cambios de rutina. Son muchos los casos en los que se produce un aumento de peso tras la jubilación. Al disminuir los niveles de actividad, el cuerpo quema menos grasa y consume menos calorías. Por eso es bueno seguir los consejos anteriores combinándolos con algo de ejercicio físico.
7. Deje el tabaco y el alcohol.
Aunque el alcohol no está vetado, es aconsejable controlar la cantidad que se toma. En este aspecto también hay diferencias según el sexo, ya que las mujeres no deberían sobrepasar las 14 unidades semanales mientras que para los hombres la cifra asciende a 21. Una unidad es aproximadamente igual a un vaso de vino, un par de cervezas o una medida individual de una bebida alcohólica fuerte o licor. En lo que respecta al tabaco, no hay márgenes: fumar en pipa o fumar puros o cigarrillos es malo para la salud y nunca es demasiado tarde para dejarlo.
8. Manténgase en actividad.
El ejercicio físico es fundamental. En un estudio del profesor Peter Fentem de la Universidad de Nottingham, Reino Unido, se ha visto que las personas de 60 años que siempre han hecho ejercicio pueden retener aproximadamente el 80 por ciento de la fuerza física y resistencia que tenían a la edad de 25. Si hemos estado una buena temporada sin realizar ninguna actividad de este tipo, es aconsejable visitar a un médico antes de retomarla para comentarle los planes y descartar así cualquier riesgo. Lo mejor son las actividades de poco impacto. Acciones tan simples como caminar pequeñas distancias, subir las escaleras en lugar de coger al ascensor, nadar o tomar clases de baile de salón, yoga o Tai Chi son más que suficientes.
9. Entrene su intelecto.
La actividad mental es tan importante como la física. Resolver un crucigrama todos los días, hacer ‘sudokus’, jugar a las cartas o realizar cualquier actividad que nos obligue a ejercitar nuestro cerebro será beneficiosa no sólo para nuestro estado de ánimo sino para nuestra salud a largo plazo.
10. Duerma, pero no demasiado.
El alimentarnos correctamente y aumentar nuestra actividad física y mental nos ayudará también a la hora de dormir. Cuando se tiene tiempo puede ser muy tentador echarse una cabezadita durante el día, pero esto puede provocar que no se descanse bien durante la noche y aparezca la angustia al no poder conciliar el sueño. Por eso es aconsejable dedicar las horas de luz a hacer cosas que dejarán una sensación de haber aprovechado el tiempo adem·s de un cuerpo mejor preparado para el descanso.
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